El Distrito se precia de ser una ciudad acogedora: una ciudad que valora y respeta a los inmigrantes y que reconoce sus inmensas contribuciones a la economía, las comunidades y la cultura. Hay más de 95,000 inmigrantes que llaman hogar a D. C. (el 14 por ciento de la población local).[1]
La administración del presidente Trump está llevando a cabo acciones coercitivas de una intensidad sin precedentes para sacar a los inmigrantes de sus comunidades, de sus lugares de trabajo y, a menudo, de sus familias. Están prometiendo reducir de forma radical la cantidad de inmigrantes nuevos que ingresen al país, y han despojado a algunos inmigrantes documentados de su estatus migratorio legal o revocado su autorización para trabajar.[2]
En el presente resumen, se detallan los riesgos económicos que ocasionan para D. C. el aumento del control de la inmigración y las deportaciones masivas, entre los que se incluyen los siguientes:
- Riesgos potenciales para sectores críticos que tienen un alto porcentaje de trabajadores inmigrantes, como el cuidado infantil, la atención de la salud y la hotelería;
- Pérdida de empleos para los trabajadores no inmigrantes de D. C. en industrias que dependen de los trabajadores inmigrantes, como la construcción y los restaurantes; y
- Pérdida en la recaudación impositiva local proveniente de los inmigrantes indocumentados, que podría ascender a la suma de $73.6 millones, en un momento en el que los presupuestos del Distrito son limitados.[3]
El daño de las medidas implementadas por la administración no pueden considerarse solo en términos económicos. El miedo a ser deportados está afectando la vida de los inmigrantes de D. C. Como se analiza en el presente resumen, muchos inmigrantes tienen temor de ir a trabajar, no mandan a sus hijos a la escuela, no acceden a servicios de atención médica y evitan asistir a eventos religiosos o en la comunidad.
Tanto los Inmigrantes Indocumentados Como Aquellos con Estatus Migratorio Legal Están en Riesgo de Ser Deportados
De los más de 95,000 inmigrantes que viven en D. C., cerca de 47,000 no eran ciudadanos en 2023,[4] y aproximadamente 25,000 inmigrantes estaban indocumentados.[5] El resto de los inmigrantes no ciudadanos tienen diversos estatus inmigratorios legales, entre quienes se incluyen los residentes permanentes legales (personas que han obtenido la tarjeta de residente permanente, o green card), los beneficiarios del Estatus de Protección Temporal (TPS), las personas con una visa de estudiante, los beneficiarios de la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), las personas que solicitan asilo y las personas con una visa H1-B (para trabajadores altamente especializados).
Los inmigrantes más vulnerables a ser deportados son quienes están indocumentados, pero el daño no termina allí. La administración también ha puesto en la mira para la deportación a muchos grupos con estatus inmigratorio legal: ha actuado para eliminar la documentación de 350,000 personas de Venezuela beneficiarias del TPS —medida que hasta el momento no ha sido detenida por la Corte Suprema—, y ha lanzado procesos similares para beneficiarios del TPS oriundos de Haití, Afganistán, Camerún, Nepal, Honduras y Nicaragua. [6] [7] La administración ha puesto en la mira para la deportación a personas con visa de estudiante y residentes permanentes legales en función de sus actividades y discursos políticos. [8] El miedo avivado por estas acciones afecta a los inmigrantes que tienen estatus migratorio legal o que son ciudadanos, en especial, a quienes viven en hogares con diversos estatus inmigratorios, en los que algunos integrantes de la familia son ciudadanos o tienen otro estatus inmigratorio legal, mientras que otros están indocumentados.
Las Deportaciones Masivas Reducirían la Fuerza Laboral de D. C. e Incrementarían los Costos
En 2023, el 16 por ciento de los trabajadores del Distrito eran inmigrantes, tanto documentados como indocumentados. [9] Si se deportara a una gran cantidad de trabajadores, sería improbable que hubiera un número suficiente de trabajadores nacidos en los EE. UU. para reemplazarlos a todos, especialmente en aquellas industrias que dependen en gran medida de los inmigrantes indocumentados, como la hotelería y la construcción. [10] Esta pérdida significativa de trabajadores podría generar una oferta insuficiente de mano de obra y obligar a los negocios a contraerse. Además, la escasez de mano de obra derivaría en un aumento de los precios, lo que incrementaría el costo de vida para los residentes de D. C. que deberían gastar más en alimentos, restaurantes, construcción, cuidado infantil, atención de la salud domiciliaria, etc.[11]
El Cuidado Infantil, la Atención de la Salud, la Hotelería y Otras Industrias Críticas en Riesgo por las Deportaciones Masivas
En el Distrito, los inmigrantes ayudan a sostener una vibrante variedad de empleos y sectores. Desempeñan un papel esencial en la atención de la salud de los residentes, en la construcción de casas y escuelas, en el cuidado de nuestros hijos, en el mantenimiento y la limpieza de casas y oficinas, y mucho más. Como se observa en el gráfico, las ocupaciones que tienen un alto porcentaje de trabajadores inmigrantes en D. C. —tanto documentados como indocumentados— incluyen trabajadores de paisajismo (56 por ciento), empleados domésticos (52 por ciento), trabajadores de cuidado infantil (49 por ciento), conserjes y encargados de limpieza (41 por ciento), cocineros (27 por ciento) y enfermeros diplomados (27 por ciento). [12]
De los trabajadores inmigrantes que se desempeñan en estas ocupaciones en el Distrito, no sabemos cuántos están indocumentados y, por consiguiente, con el mayor riesgo de ser deportados. Sin embargo, sabemos que, a nivel nacional, hay un porcentaje significativo de trabajadores indocumentados en muchas de estas ocupaciones. Una estimación de Pew Research Center indica que el 12 por ciento de los cocineros, el 11 por ciento de los conserjes y el 24 de los empleados domésticos a nivel nacional están indocumentados. [13]
Las Deportaciones Masivas Representan Amplios Riesgos para la Economía de D. C.
En el Distrito, las deportaciones masivas afectarían la producción económica, la recaudación impositiva y las actividades comerciales. En 2023, los trabajadores inmigrantes, tanto documentados como indocumentados, representaban el 15 por ciento de la producción económica de D. C. [14] Los inmigrantes indocumentados contribuyen $73.6 millones en impuestos locales, que ayudan a pagar servicios y programas vitales de los que dependen los residentes del Distrito. [15] Además, el 21 por ciento de los propietarios de negocios de D. C. eran inmigrantes en 2023, y constituían un motor económico vital. [16] Estos negocios locales ayudan a conservar la vitalidad de la economía del Distrito estimulando la innovación, contratando trabajadores e incorporando tiendas a la calle de propiedad local que mantienen el dinamismo de los vecindarios.
La deportación de inmigrantes también tendría como consecuencia una disminución previsible de la cantidad de empleos para los trabajadores nacidos en los EE. UU.[17] En lugar de reemplazar a estos trabajadores, los tipos de empleos que ocupan los inmigrantes indocumentados, como los trabajadores de la construcción o los cocineros y lavaplatos, complementan a los tipos de empleos para los que son contratados los trabajadores nacidos en los EE. UU., como los gerentes de obra o los camareros. Si en las empresas constructoras hubiera escasez de obreros, por ejemplo, las empresas no podrían emprender la misma cantidad de proyectos, lo que reduciría la cantidad de puestos para los gerentes de obra. Los inmigrantes indocumentados también ocupan puestos que son esenciales para la participación de otras personas en la fuerza laboral, como la prestación de servicios de cuidado infantil a padres que trabajan. Por último, sin el gasto que realizan los inmigrantes indocumentados para adquirir bienes y servicios, los negocios locales no necesitarían la misma cantidad de trabajadores.[18] Todo esto conduce a una disminución del empleo para los trabajadores nacidos en los EE. UU.
El Miedo a la Deportación Está Impidiendo la Participación de los Inmigrantes en Actividades Económicas y Comunitarias
El control intensivo por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de los EE. UU., el hecho de romper con la histórica pauta del ICE respecto a la intervención en lugares sensibles —como escuelas, instituciones religiosas y hospitales—, las amenazas a los inmigrantes con estatus migratorio legal y la retórica política extremadamente cargada se han combinado para generar un clima de miedo entre los inmigrantes.[19] La actividad del ICE en el área del Distrito está intensificando las preocupaciones de los inmigrantes que se encuentran allí. En marzo, por ejemplo, agentes del ICE intentaron detener a un trabajador sanitario en las instalaciones de una escuela, la HD Cooke Elementary School.[20] En mayo, se presentaron en una gran cantidad de restaurantes de D. C. y exigieron que los propietarios mostraran los documentos de elegibilidad de empleo de sus empleados.[21]
El clima de miedo actual está teniendo un efecto escalofriante más amplio, más allá de quienes están en la mira o corren un mayor riesgo de ser deportados, incluso en inmigrantes que tienen permisos de empleo temporales o provisorios, e incluso en algunas personas que han obtenido la tarjeta de residente permanente o que son ciudadanos naturalizados. Investigaciones realizadas en el pasado han demostrado que, en los períodos en los que hubo un mayor control de la inmigración, incluso los inmigrantes que no eran objetivos para la deportación tenían temor de salir de sus hogares para realizar sus actividades cotidianas.[22]
El miedo es particularmente agudo para la gran cantidad de inmigrantes en cuyas familias hay diversos estatus, es decir, en las que algunos integrantes están indocumentados y otros son ciudadanos estadounidenses o tienen otro estatus inmigratorio legal. Una encuesta realizada en diciembre de 2024, mientras la gente se preparaba para la nueva administración, determinó que al 60 por ciento de los encuestados que pertenecían a familias con diversos estatus les preocupaba participar en una o más de las siete actividades cotidianas planteadas, como ir a trabajar, consultar a un médico o acudir al hospital, mandar a los niños a la escuela o asistir a servicios religiosos o eventos en la comunidad, porque no querían llamar la atención hacia su estatus inmigratorio o el de algún familiar.[23]
Muchos inmigrantes, con diversos estatus inmigratorios, están optando por permanecer en sus hogares la mayor cantidad de tiempo posible para evitar las interacciones con las autoridades de inmigración. Según una encuesta realizada en marzo de 2025 a más de 2,000 inmigrantes de habla hispana, 2 de cada 5 encuestados tuvieron que faltar al trabajo debido a la nueva agenda del gobierno federal relativa a la inmigración.[24] Tal como lo muestran estas encuestas, muchos inmigrantes se están retrayendo de ciertas actividades económicas, como trabajar o hacer compras en negocios locales; evitan asistir a eventos en la comunidad; y no participan en actividades vitales para su salud y bienestar mental. Todo esto perjudica a los inmigrantes mismos, deteriora la economía del Distrito y apaga su vida cultural y comunitaria.[25]
Los Inmigrantes Ayudan a Sostener una Economía Sólida y una Cultura Vibrante en el Distrito
Las deportaciones masivas dañarían la economía de D. C., desbaratarían la actividad comercial y tendrían un efecto devastador en las comunidades y familias de inmigrantes. Los legisladores de D. C. deberían sostener la política actual de no cooperación y tomar medidas adicionales que estén a su alcance para proteger a todos los residentes, las comunidades y la economía local.[26] El Distrito se robustece cuando abrazamos la diversidad de nuestros orígenes y experiencias y nos unimos con políticas inclusivas que promueven la fortaleza de nuestras comunidades e incrementan el empleo y los salarios para todos.

